20 de enero – Lunes (II)

Evangelio: Marcos 2:18–22

Cuestión sobre el ayuno

(18) (En aquel tiempo) los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron a decirle: ¿Por qué los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan y, en cambio, tus discípulos no ayunan? (19) Jesús les respondió: ¿Acaso pueden ayunar los convidados a la boda, mientras el esposo está con ellos? Durante el tiempo en que tienen al esposo con ellos no pueden ayunar. (20) Días vendrán en que el esposo les será arrebatado; entonces, en aquellos días, ayunarán. (21) Nadie pone una pieza de paño nuevo a un vestido viejo; pues de otro modo la pieza tira a él, lo nuevo de lo viejo, y se produce un desgarrón peor. (22) Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; pues de lo contrario, el vino rompe los odres, y se pierden el vino y los odres; por eso, el vino nuevo se echa en odres nuevos.

Comentario

18–22:   La respuesta que Cristo declara, a propósito de un caso particular, las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En el Antiguo el Esposo aún no había llegado, en el Nuevo está presente en Cristo. Con Él empiezan los tiempos mesiánicos, una época nueva y distinta de la anterior. El ayuno de los judíos, por tanto, hay que entenderlo, dentro del conjunto de sus observancias religiosas, como preparación de todo el pueblo para la venida del Mesías. Cristo muestra la diferencia entre el espíritu que Él trae y el del judaísmo de aquella época. Este espíritu nuevo no será una pieza añadida a lo viejo, sino un principio vivificante de las enseñas perennes de la antigua Revelación. La novedad del Evangelio, lo mismo que el vino nuevo, no cabe en los moldes de la Ley antigua.

Pero este pasaje dice algo más: para recibir la nueva enseñanza de Cristo es preciso que los hombres se renueven por dentro y, en consecuencia, se desprendan de las rutinas de una vida anquilosada.

19–20:   Jesucristo se designa en el v.19 como el Esposo (cfr. también Lucas 12:35–36; Mateo 25:1–13; Juan 3:29), cumpliendo así lo que habían dicho los profetas respecto de las relaciones  de Dios con su pueblos (cfr. Oseas 2:18–22; Isaías 54:5 ss.). Los Apóstoles son los compañeros del Esposo en las bodas, invitados a participar con Él en el banquete nupcial, en la alegría del Reino de los Cielos (cfr. Mateo 22:1–14).

En el v.20 Jesucristo anuncia que el Esposo les será arrebatado: el la primera alusión que hace Jesús de su Pasión y Muerte (cfr. Marcos 8:31; Juan 2:19; 3:14). La visión de alegría y dolor, que encontramos en estos dos versos, nos ayuda a entender también la condición humana mientras caminamos en la tierra.

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