19 de octubre – Lunes (San Juan de Brébeuf y San Isaac Jogues, presbíteros y compañeros, mártires)

Evangelio: Lucas 12:13–21

La parábola del rico insensate

(13) (En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo:) Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo. (14) Pero él le respondió: Hombre, ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros? (15) Y añadió: Esta alerta y guardaos de toda avaricia, porque si alguien tiene abundancia de bienes, su vida no depende de aquello que posee. (16) Y les propuso una parábola diciendo: Las tierras de cierto hombre rico dieron mucho fruto, (17) y pensaba para sus adentros: ¿qué haré, pues no tengo donde guardar mi cosecha? (18) Y dijo: Esto haré: voy a destruir mis graneros, y construiré otros mayores, y allí guardaré todo mi trigo y mis bienes. (19) Entonces diré a mi alma: alma, ya tienes muchos bienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, pásalo bien. (20) Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche te reclaman el alma; lo que has preparado, ¿para quién será? (21) Así ocurre al que atesora para sí y no es rico ante Dios.

Comentario

13–14:   Aquel hombre sólo está interesado por sus propios problemas; sólo ve en Jesús a un maestro de reconocida autoridad y prestigio para resolverle su caso (cfr. Deuteronomio 21:17). El personaje puede muy bien representar a quienes acuden a la autoridad religiosa no para pedir una orientación en su vida espiritual sino para resolver sus asuntos materiales. Jesús, decididamente, se desentiende de semejante petición. Y no es por insensibilidad ante una situación de posible injusticia familiar, sino porque intervenir en tales asuntos no es propio de su misión redentora. El Maestro nos enseña, con su actuación y sus palabras, que su obra salvífica no se dirige a resolver los muchos conflictos familiares y sociales que se dan entre los hombres; Jesús ha venido a dar los principios y los criterios morales que deberán informar la justa acción de los hombres en los asuntos temporales, pero no a resolverlos técnicamente; para esto nos ha dotado de inteligencia y de libertad.

15–21:   Tras la sentencia del v.15 Jesús expone la parábola del rico insensato: ¡qué necedad es poner la confianza en la acumulación de bienes materiales para asegurar la vida de aquí abajo, mientras se olvidan los bienes del espíritu, que son los que nos aseguran, de verdad y para siempre, por la misericordia divina, la vida eterna!

Así explicaba San Atanasio estas palabras del Señor: «Quien vive como si hubiese de morir cada día –puesto que incierta es nuestra vida por naturaleza– no pecará, ya que el buen temor extingue gran parte del desorden de los apetitos; por el contrario, quien se cree que va a tener una vida larga, fácilmente se deja dominar por los placeres» (Contra Antígono).

19:   La insensatez de este hombre consiste en que ha considerado la posesión de bienes materiales como el único fin de su existencia y la garantía de su seguridad. Es legítima la aspiración del hombre a poseer lo necesario para su vida y su desarrollo, pero tener como bien absoluto la posesión de bienes materiales acaba por destruir al hombre y a la sociedad.

«Así, pues, el tener más, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el fin último. Todo crecimiento es ambivalente, Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra como en una prisión desde el momento que se convierte en el bien supremo, que impide mirar más allá. Entonces los corazones se endurecen y los espíritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad, sino por interés, que pronto les hace oponerse unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva del poseer se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser, y se opone a su verdadera grandeza. Para las naciones como para las personas la avaricia es la forma más evidente de un subdesarrollo moral» (Pablo VI: Encíclica Populorum progressio, 26-Marzo-1967).

Publicado en Lucas, Tiempo Ordinario | Comentarios desactivados en 19 de octubre – Lunes (San Juan de Brébeuf y San Isaac Jogues, presbíteros y compañeros, mártires)