18 de abril – Sábado

Evangelio: Juan 6:16–21

Jesús anda sobre el mar

(16) (Al atardecer del día de la multiplicación de los panes), los discípulos (de Jesús) bajaron al mar, (17) y habiendo subido a la barca, se dirigían a la otra orilla hacia Cafarnaún. Ya había oscurecido y Jesús aún no había venido junto a ellos. (18) El mar estaba agitado por el fuerte viento que soplaba. (19) Después de remar unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y les entró miedo. (20) Pero él les dijo: Soy yo, no temáis. (21) Entonces ellos quisieron recibirle en la barca; y al instante la barca llegó a tierra, adonde iban.

Comentario

16–21: Parece que los discípulos estaban desconcertados porque había oscurecido, el mar se iba agitando, y Jesús no llegaba. Pero el Señor no les abandona, sino que cuando ya habían remado unos cinco kilómetros, Jesús llega inesperadamente andando sobre las aguas para robustecer su fe todavía débil.

            Al meditar este episodio, la tradición cristiana ha visto en la barca una figura de la Iglesia, que tendrá que soportar muchas dificultades y a la que el Señor ha prometido su asistencia a lo largo de los siglos (cfr. Mateo 28:20); por eso la Iglesia permanecerá firme y segura para siempre. Santo Tomás de Aquino comenta: «Aquel viento es figura de las tentaciones y de la persecución que padecerá la Iglesia por falta de amor. Porque, como dice San Agustín, cuando se enfría el amor, aumentan las olas y la nave zozobra. Sin embargo el viento, la tempestad, las olas y las tinieblas no conseguirán que la nave se aparte de su rumbo y quede destrozada» (Super Evangelium S. Ioannis lectura, in loc.).

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