30 de agosto – Martes (XXII)

Evangelio: Lucas 4:31–37

Predicación en Cafarnaún

(31) (Jesús) bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.

(32) Y se quedaban admirados de su doctrina, porque su palabra su palabra iba acompañada de potestad.

Curación del endemoniado

(33) Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio impuro, y gritó con gran voz: (34) Déjanos, ¿qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Sé quién eres tú, el Santo de Dios. (35) Y Jesús le increpó diciendo: Calla y sal de él. Y el demonio, arrojándolo al suelo, allí en medio, salió de él, sin hacerle daño alguno. (36) Quedaron todos atemorizados, y decían unos a otros: ¿Qué palabra es ésta, que con potestad y fuerza manda a los espíritus impuros y salen? (37) Y se divulgaba su fama por todos los lugares de la región.

Comentario

33–37:La misma autoridad que Jesús había mostrado con su palabra muestra ahora con sus hechos.

34:   El demonio dice la verdad en esta ocasión, al llamarle «el Santo de Dios», pero Jesús no acepta el testimonio del «padre de la mentira» (cfr. Juan 8:44). En efecto, el demonio suele decir alguna vez la verdad para encubrir el error y, al sembrar así la confusión, engañar más fácilmente. Jesús, al hacer callar al demonio y expulsarle, nos enseña a ser prudentes y a no dejarnos engañar por las verdades a medias.

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