28 de noviembre – Viernes

Evangelio: Lucas 21:29–33

(29) (En aquel tiempo, Jesús les dijo a sus discípulos una parábola:) Observad la higuera y todos los árboles. (30) Cuando ya echan brotes, al verlos, conocéis por ellos que ya está cerca el verano. (31) Así también vosotros cuando veáis que sucede todo esto, sabed que está cerca el Reino de Dios. (32) En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. (33) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Comentario

31:       El Reino de Dios, anunciado por Juan Bautista (cfr. Mateo 3:2) y descrito por el Señor en tantas parábolas (cfr. Mateo 13; Lucas 13:18–20), se encuentra ya presente entre los Apóstoles (Lucas 17:20–21) y, sin embargo, todavía no ha llegado la plenitud de su manifestación. Jesús anuncia en este lugar la llegada en plenitud del Reino y nos invita a pedir esto mismo en el Padrenuestro: «Venga a nosotros tu Reino».

«El Reino de Dios, que ha tenido aquí en la tierra sus comienzos en la Iglesia de Cristo, no es de este mundo, cuya figura pasa (cfr. Juan 18:36; 1 Corintios 7:31); y sus crecimientos propios no pueden juzgarse idénticos al progreso de la cultura de la humanidad o de las ciencias o de las artes técnicas, sino que consiste en que se conozcan cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en que se ponga cada vez con mayor constancia la esperanza en los bienes eternos, en cada vez más ardientemente se responda al amor de Dios; finalmente, en que la gracia y la santidad se difundan cada vez más abundantemente entre los hombres» (Pablo VI: Solemnis professio fidei 30–Junio–1968: n.27).

Al final del mundo todo será recapitulado en Cristo y Dios reinará definitivamente en todas las cosas (cfr. 1 Corintios 15:24–28).

32:       Lo referente a la ruina y destrucción de Jerusalén se cumplió unos cuarenta años después de la muerte del Señor, y pudo ser comprobada la verdad de esta profecía por los contemporáneos de Jesús. Por otra parte, la ruina de Jerusalén es símbolo del fin del mundo, y así puede decirse que la generación a la que se refiere el Señor ha visto simbólicamente el fin del mundo. También se puede entender que el Señor hablaba de la generación de los creyentes. Véase también el comentario de Mateo 24:32–35

[El comentario de Mateo 24:32–35 dice:

Mateo 24:32–35:       San Juan Crisóstomo, viendo en la destrucción de Jerusalén la figura del fin del mundo, aplica a éste la parábola de la higuera:

«Por ella profetiza también otra primavera espiritual que en aquel día ha de venir para los justos después del invierno de la presente vida; para los pecadores, por el contrario, vendrá el invierno después de la primavera… Mas no fue manifestarles el plazo de su venida la única razón de ponerles la parábola de la higuera, sino que quiso también darles la certeza de que su palabra se cumpliría absolutamente. Tan cierto como es que llega la primavera, así también será la venida del Hijo del Hombre» (Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 77).

«Esta generación»: El versículo es un ejemplo claro de lo que se ha dicho en la nota a Mateo 24:1, acerca del carácter de símbolo que tiene la destrucción de Jerusalén. «Esta generación» se refiere primeramente a la contemporánea de la destrucción del Templo. Pero, teniendo en cuenta que la destrucción de Jerusalén es figura del fin del mundo, puede decirse con San Juan Crisóstomo que «no hablaba el Señor solamente de la generación que a la sazón vivía, sino de la generación de los creyentes, porque sabe el Señor que una generación no se caracteriza sólo por el tiempo, sino también por la manera de su culto y de su vida: en ese sentido dice el salmista ‘esta es la generación de los que buscan al Señor’ (Salmo 24:6)» (Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 77).]

Publicado en Lucas, Tiempo Ordinario | Deja un comentario