22 de octubre – Miércoles (San Juan Pablo II, papa)

Evangelio: Lucas 12:39–48

(En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:) (39) Sabed esto: Si el dueño de la casa conociera a qué hora va a llegar el ladrón, no permitiría que se horadase su casa. (40) Vosotros, pues, estad preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del Hombre.

(41) Y le preguntó Pedro: Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos? (42) El Señor respondió: ¿Quién piensas que es el administrador fiel y prudente, a quien el amo pondrá al frente de su casa, para dar a tiempo la ración adecuada? (43) Dichoso aquel siervo, al que encuentre obrando así su amo cuando vuelva. (44) En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. (45) Pero si aquel siervo dijera en sus adentros: mi amo tarda en venir, y se pusiera a golpear a los criados y criados, a comer, a beber y a emborracharse, (46) llegará el amo de aquel siervo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará duramente y le dará el pago de los que no son fieles. (47) El siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no fue previsor ni actuó conforme a la voluntad de aquél, será muy azotado; (48) en cambio, el que sin saberlo hizo algo digno de castigo, será poco azotado. A todo el que se le ha dado mucho, mucho se le exigirá, y al que le encomendaron mucho, mucho le pedirán.

Comentario

40:       Dios ha querido ocultar el momento de la muerte de cada uno y el fin del mundo. Inmediatamente después de la muerte, todo hombre comparece para el juicio particular: «Está establecido que los hombres mueran una sola vez; y que después tenga lugar el juicio» (Hebreos 9:27). Del mismo modo, al fin del mundo ocurrirá el juicio universal.

41-48:  Después de la exhortación del Señor a la vigilancia, Pedro hace una pregunta (v.41) cuya respuesta es la clave para comprender esta parábola. Por un lado, insiste Jesús en lo imprevisible del momento en que Dios nos ha de llamar para rendir cuentas; por otro, precisamente como respuesta a la pregunta de Pedro, Nuestro Señor explica que se enseñanza se dirige a todos. Dios pedirá cuenta a cada uno según sus circunstancias personales: todo hombre tiene en esta vida una misión que cumplir; de ella habremos de responder ante el tribunal divino y seremos juzgados según los frutos, abundantes o escasos, que hayamos dado.

«Y como no sabemos el día ni la hora es necesario, según la amonestación del Señor, que vigilemos constantemente para que, terminado el único plazo de nuestra vida terrena (cfr. Hebreos 9:27), merezcamos entrar con Él a las bodas y ser contados entre los elegidos (cfr. Mateo 25:31–46), y no se nos mande, como a siervos malos y perezosos (cfr. Mateo 25:26), al fuego eterno (cfr. Mateo 25:41)» (Concilio Vaticano II: Constitución Dogmática Lumen Gentium, n.48).

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