22 de noviembre – Viernes (Santa Cecilia, Virgen y mártir)

Evangelio: Lucas 19:45–48

Jesús en el Templo

(45) (En aquel día, Jesús) entró en el Templo y comenzó a expulsar a los que vendían, (46) diciéndoles: Está escrito: Mi casa será casa de oración, pero vosotros habéis hecho de ella una cueva de ladrones. (47) Y enseñaba todos los días en el Templo. Pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas intentaban acabar con él, lo mismo que los jefes del pueblo, (48) pero no encontraban cómo hacerlo, pues todo el pueblo estaba pendiente escuchándole.

Comentario

45–48:   La indignación de Jesús manifiesta su celo por la gloria del Padre, que debe reconocerse ahora en el respeto al Templo. De modo enérgico echa en cara a los vendedores el ejercicio de unas funciones ajenas al culto divino (cfr. Mateo 21:12; Marcos 11:15). Los mismos sacerdotes permitían semejantes abusos, que también reportaban beneficios para ellos al cobrar unas tasas. Los vendedores realizaban unas funciones necesarias para el culto divino, pero las habían viciado por su afán de lucro, convirtiendo el Templo en un mercado.

«Mi casa será casa de oración»: Con este texto de Isaías (56:7; cfr. Jerermías 7:11) Jesús subraya la finalidad del Templo. El gesto del Señor enseña el respeto que merece el Templo de Jerusalén. Cuánta mayor veneración merecen nuestros templos, donde Jesús mismo está realmente presente en la Sagrada Eucaristía.

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