23 de junio – Sábado (XI)

Evangelio: Mateo 6:24–34

Confianza en la Providencia paternal de Dios (contd)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: (24) Nadie puede servir dos señores, porque o tendrá aversión al uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas.

(25) Por eso os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? (26) Fijaos en las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? (27) ¿Quién de vosotros por mucho que cavile puede añadir un solo codo a su edad? (28) Y acerca de vestir, ¿por qué preocuparos? Contemplad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, (29) y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. (30) Si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! (31) No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? (32) Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados.

(33) Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. (34) Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad.

Comentario

24:   El fin último del hombre es Dios. Por este fin el hombre debe entregar todo su ser. Pero de hecho hay quienes no ponen a Dios como su fin último, sino las riquezas. En este caso las riquezas se convierten en su dios. El hombre no puede dividirse entre dos fines absolutos y contrarios.

25–32:   En esta bellísima página Jesús pone a relieve el valor de las realidades corrientes de la vida. A la vez nos enseña a poner nuestra confianza en la providencia paternal de Dios. Con sencillos ejemplos y comparaciones, tomados de la vida cotidiana, inculca el abandono sereno en las manos de Dios.

27:   Donde se dice «edad», puede decirse también «estatura», pero sería versión más lejana del texto (cfr. Lucas 12:25). La palabra «codo» significa una medida de espacio aplicable también al tiempo metafóricamente.

33:   Una vez más la justicia del Reino de Dios aparece como la vida de la gracia en el hombre; lo que lleva consigo todo un conjunto de actitudes espirituales y morales, y puede resumirse en el concepto de «santidad». La búsqueda de la santidad es lo primero que se debe intentar en esta vida. De nuevo Jesús insiste en la primacía de las exigencias espirituales. Afirma Su Santidad el Papa Pablo VI, comentando en este pasaje: «¿Por qué la pobreza? Para dar a Dios, al Reino de Dios, el primer lugar en la escala de valores que son objeto de las aspiraciones humanas. Dice Jesús: ‘Buscad primero el Reino de Dios y su justicia’; y lo dice en comparación con todos los otros bienes temporales, incluso necesarios y legítimos, que normalmente empeñan los deseos humanos. La pobreza de Cristo hace posible este desprendimiento afectivo de las cosas terrenas para poner por delante de las aspiraciones humanas la relación con Dios» (Audiencia general 5-1-1977).

34:   El Señor nos exhorta a vivir con serenidad cada jornada, eliminando preocupaciones inútiles por lo que ocurrió ayer o por lo que pueda ocurrir mañana. Es la sabiduría que se asienta en la providencia paternal de Dios y en la misma experiencia cotidiana: «El que está pendiente del viento, no sembrará; el que se queda observando las nubes, no segará» (Qohélet 11:4).

Lo importante, lo que está en nuestras manos, es vivir cara a Dios y con intensidad el momento presente:

«Pórtate bien ‘ahora’, sin acordarte de ‘ayer’, que ya pasó, y sin preocuparte de ‘mañana’, que no sabes se llegará para ti» (S. Josemaría Escrivá: Camino, n. 253).

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