12 de agosto – Lunes (Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa)

Evangelio: Mateo 17:22–27

Segunda predicción de la Pasión. Tributo al Templo

(22) Cuando estaban en Galilea les dijo Jesús (a sus discípulos): El Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los hombres, (23) que lo matarán, pero al tercer día resucitará. Y se pusieron muy tristes.

(24) Llegados a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo y le dijeron: ¿No va a pagar vuestro Maestro la didracma? (25) Respondió: Sí. Al entrar en la casa se anticipó Jesús y le dijo: ¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes reciben tributo o censo los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños? (26) Al responderle que de los extraños, le dijo Jesús: Luego los hijos están exento; (27) pero para no escandalizarlos, ve al mar, echa el anzuelo y el primer pez que pique sujétalo, ábrele la boca y encontrarás un estáter; tómalo y dalo por mí y por ti.

Comentario

24–27:   «Didracma»: Moneda equivalente al tributo que debían pagar anualmente los judíos al Templo de Jerusalén. Venía a corresponder al doble del jornal de un obrero. El «estáter» del cual hablará el Señor un poco más adelante (v.27) era una moneda griega equivalente a dos didracmas.

Jesucristo enseñaba a sus discípulos mediante cosas grandes y pequeñas. A Pedro, que debía  ser roca sobre la que iba a fundar su Iglesia (Mateo 16:18–19), después de prepararle con el magnífico episodio de la Transfiguración (Mateo 17:1–8), le hace ver ahora su divinidad mediante un milagro de apariencia intranscendente. Además es de notar la pedagogía de Jesús: después del segundo anuncio de su Pasión, sus discípulos habían quedado tristes (Mateo 17:22–23); ahora levanta el ánimo de Pedro con este milagro de características tan íntimas.

26:   Vemos aquí la exactitud con que el Señor quiso cumplir los deberes de ciudadano. Téngase en cuenta que, aunque el impuesto de la didracma fuese de índole religiosa, sin embargo, por la constitución teocrática de Israel en aquellos tiempos, el pago de este tributo implicaba también una obligación de orden cívico.

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