9 de septiembre – Lunes (San Pedro Claver, presbítero)

Evangelio: Lucas 6:6–11

Curación del hombre de la mano seca

(6) Otro sábado (Jesús) entró en la sinagoga y puso a enseñar. Y había allí un hombre que tenía seca la mano derecha. (7) Los escribas y los fariseos le observaban a ver si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. (8) Pero él conocía sus pensamientos, y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y levantándose se puso en medio. (9) Entonces Jesús les dijo: Yo os pregunto: ¿Es lícito en sábado hacer el bien o hacer el mal, salvar la vida a un hombre o quitársela? (10) Y mirando a su alrededor a todos ellos, dijo al hombre: Extiende tu mano. Lo hizo, y su mano quedó curada. (11) Ellos se quedaron completamente ofuscados y discutían entre sí qué harían contra Jesús.

Comentario

10:   Los Santos Padres nos enseñan a descubrir un hondo sentido espiritual aun en aquellas palabras del Señor que pueden parecer irrelevantes a primera vista. Así, San Ambrosio comenta la frase «extiende tu mano»: «Esta medicina es común y general (…). Extiéndela muchas veces, favoreciendo a tu prójimo; defiende de cualquier injuria a quien veas sufrir bajo el peso de la calumnia, extiende también tu mano al pobre que te pide; extiéndela también al Señor, pidiéndole el perdón de tus pecados: así es como debe extenderse la mano, y así es como se cura» (Expositio Evangelii secundum Lucam, in loc.).

11:   Ante la pregunta del Señor los fariseos no quieren responder, y ante el milagro que realiza después no saben qué decir. Deberían haberse convertido, pero su corazón se ofusca y se llena de envidia y de furor. Después, aquellos que no habían hablado ante el Señor empiezan a dialogar entre ellos, no para acercarse a Cristo sino para perderle. En este sentido comenta San Cirilo: «¡Oh fariseo!, ves al que hace cosas prodigiosas y cura a los enfermos en virtud de un poder superior y tú proyectas su muerte por envidia» (Commentarium in Lucam, in loc.).

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