6 de diciembre – Jueves (San Nicolás, obispo)

Mateo 7:21, 24–27

Cumplir la Voluntad de Dios

(En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:) (21) No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos.

Edificar sobre roca

(24) Por tanto, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, es como un hombre prudente que edificó su casa sobre roca: (25) cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca.

(26) Pero todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica es como un hombre necio que edificó su casa sobre arena: (27) cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, y cayó y fue tremenda su ruina.

Comentario

21–23:   La oración, para que sea auténtica, debe ir acompañado de la continua lucha por cumplir la voluntad divina. Del mismo modo, para cumplir esa voluntad no basta hablar de las cosas de Dios, sino que es necesario que haya coherencia entre lo que se pide – lo que se dice – y lo que se hace: «Que no consiste el Reino de Dios en hablar sino en hacer» (1 Corintios 4:20); «Habéis de ponerla en práctica (la palabra), y no sólo escucharla, engañándoos a vosotros mismos» (Santiago 1:22).

Los cristianos «con la fiel adhesión al Evangelio y en uso de la virtualidad que éste encierra, unidos a todos los que aman y practican la justicia, han tomado sobre sus hombros una ingente tarea que realizar en esta tierra, de la cual tendrán que dar cuenta al que juzgará a todos en el último día. No todos los que dicen ‘Señor, Señor’ entraran en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad del Padre y ponen manos a la obra con energía y eficacia» (Concilio Vaticano II: Constitución pastoral ‘Gaudium et spes’, n. 93).

Para entrar en el Reino de los Cielos, para ser santo, no basta, pues, con hablar de modo elocuente de la santidad. Es necesario llevar a la práctica lo que se dice, dar los frutos de acuerdo con las palabras. Muy gráficamente recomienda Fray Luis de Granada:

«Mira que no es ser buen cristiano solamente rezar y ayunar y oír Misa, sino que te halle Dios fiel, como a otro Job y otro Abrahán, en el tiempo de la tribulación» (Guía de pecadores I, II, cap. 21).

Tampoco el ejercicio de un ministerio eclesiástico asegura la santidad, puesto que debe ir acompañado de la práctica de las virtudes que se predican. Por otro lado, la experiencia viene a enseñar que todo cristiano (sea cual fuere su condición dentro de la Iglesia) que no se esfuerza por hacer coincidir sus actos con las exigencias de la fe que profesa, comienza a debilitarse en esta fe y termina apartándose de ella, no sólo en la práctica, sino también en la doctrina. Pues todo aquel que no cumple lo que dice, acaba diciendo lo que no debe.

La autoridad con que Jesús se expresa en estos versículos revela su condición de Juez soberano de vivos y muertos. Nunca en el Antiguo Testamento había hablado ningún profeta con esa autoridad.

24–27:   Estos versículos constituyen como la cara positiva del pasaje anterior. Quien se esfuerza por llevar a la práctica las enseñanzas de Jesús, aunque vengan tribulaciones personales, o periodos de confusión en la vida de la Iglesia, o se vea rodeada del error, permanecerá fuerte en la fe, como el hombre sabio que edifica su casa sobre roca.

Por lo demás, para permanecer fuertes en los momentos difíciles es necesario, en los tiempos de bonanza, aceptar con buena cara las pequeñas contrariedades, ser delicados en el trato con Dios y con los demás, y cumplir con fidelidad y abnegación los propios deberes de estado. De este modo se van ahondando los cimientos, fortaleciendo la construcción y reparando las grietas que se puedan producir.

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