7 de diciembre – Viernes (San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia)

Evangelio: Mateo 9:27–31

Curación de dos ciegos.

(27) Al marcharse Jesús de allí (Cafernaún), le siguieron dos ciegos diciendo a gritos: Ten piedad de nosotros, Hijo de David. (28) Cuando llegó a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer eso? Respondieron: Sí, Señor. (29) Entonces tocó sus ojos diciendo: Según vuestra fe así os suceda. (30) Y se les abrieron los ojos. Pero Jesús les ordenó severamente: Mirad que nadie lo sepa. (31) Ellos, por lo contrario, una vez que salieron divulgaron la noticia por toda aquella región.

Comentario

27–34:   El Evangelista subraya la distinta reacción que producen los milagros. Todo el mundo admite el poder divino en tales hechos, excepto los fariseos que, ante la evidencia de los prodigios, atribuyen éstos a poderes diabólicos. La actitud farisaica endurece de tal modo al hombre que la adopta, que le cierra toda posibilidad de salvación. Quizá el reconocimiento de Jesús como el Mesías (le llaman: Hijo de David v. 27) por parte de los ciegos exasperó la pasión de los fariseos que, no obstante la doctrina sublime y los milagros de Jesús, siguen recalcitrantes en su oposición.

Al considerar este episodio no es difícil darse cuenta de que ante Dios se da esta paradoja: hay ciegos que ven y videntes que no ven nada.

30:   ¿Por qué el Señor no quería que publicaran el milagro? Porque tenía que llevar un plan progresivo en la manifestación de que era el Mesías, Hijo de Dios. Por tanto, no quería precipitar los acontecimientos ni que las multitudes entusiasmadas lo proclamaran el Rey Mesías, con una mentalidad nacionalista que Él quería evitar.

Esto no será sólo un riesgo, sino una realidad. En otro momento, cuando el milagro de la multiplicación de los panes y los peces (Juan 6:14–15), «aquellos hombres, viendo el milagro que Jesús había hecho, decían: Este es verdaderamente el Profeta que viene al mundo. Jesús, conociendo que iban a venir para llevárselo y hacerlo rey, se retiró de nuevo al monte él solo».

31:   Dice San Jerónimo (cfr. Commentarium in Evangelium secundum Matthaeum, 9, 31) que los ciegos divulgaron el suceso, no porque se negaran a obedecer a Jesús, sino porque no encontraron otro medio de expresar su gratitud.

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