7 de septiembre – Sábado (XXII)

Evangelio: Lucas 6:1–5

La cuestión sobre el sábado

(1) Sucedió un sábado que, al atravesar los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, desgranándolas con las manos, las comían. (2) Algunos fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado? (3) Y Jesús respondiéndoles dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando tuvo hambre él y los que estaban con él; (4) cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición y comió, y dio a los que estaban con él, siendo así que sólo está permitido comerlos a los sacerdotes? (5) Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor del sábado.

Comentario

1–5:   Ante la acusación de los fariseos, Jesús explica el sentido correcto del descanso sabático, invocando un ejemplo del Antiguo Testamento. Además, al declararse «Señor del sábado» manifiesta abiertamente que Él es el mismo Dios que dio el precepto al pueblo de Israel.

Para una explicación más amplia, véanse notas a Mateo 12:2 y 12:3–8.

[Nota para Mateo 12:2:

2:   «Sábado»: Era para los judíos el día de la semana dedicado al culto divino. Dios mismo lo instituyó (Génesis 2:3) y mandó que el pueblo judío se abstuviera de ciertos trabajos en ese día (Éxodo 20:8-11; 21:13; Deuteronomio 5:14), para poder dedicarse con más detenimiento a honrar a Dios. Con el paso del tiempo los rabinos complicaron el precepto divino, y en la época de Jesús habían hecho una clasificación de hasta 39 especies de trabajos prohibidos.

Los fariseos acusan a los discípulos de Jesús de violar el sábado. En efecto, según la casuística de los escribas y fariseos, arrancar espigas equivalía a segar; frotarlas, a trillar; faenas agrícolas vedadas en sábado.]

[Nota para Mateo 12:3–8:

Mateo 3-8:   Jesucristo rebate la acusación de los fariseos con cuatro razones: el ejemplo de David, el de los sacerdotes, el sentido de la misericordia divina y el señorío del propio Jesús sobre el sábado.

El primer ejemplo, conocido por el pueblo acostumbrado a escuchar la lectura de la Biblia, está tomado de 1 Samuel 21:2-7: David, huyendo de la persecución del rey Saúl, pide al sacerdote del santuario de Nob alimento para sus hombres; el sacerdote, no teniendo sino los «panes de la proposición», se los dio; eran doce panes que se colocaban cada semana en la mesa de oro del santuario, como homenaje perpetuo de las doce tribus de Israel al Señor (Levítico 24:5-9). El segundo ejemplo se refiere al ministerio de los sacerdotes: para realizar el culto divino tenían que hacer en sábado una serie de trabajos, sin desobedecer por ello la ley del descanso (cfr. Números 28:9). Para las otras dos razones cfr. notas a Mateo 9:13 y Marcos 2:28.]

[Nota de Mateo 9:13:

Mateo 9:13:   La frase de Jesús, tomada de Oseas 6:6, conserva la expresión hiperbólica del estilo semítico. Una traducción más fiel al sentido sería: «Más quiero misericordia que sacrificio». No es que el Señor no quiera los sacrificios que se le ofrecen, sino que insiste en que éstos han de ir siempre acompañados de la bondad del corazón, puesto que la caridad ha de informar toda la actividad del cristiano y con mayor razón el culto de Dios (vid. 1 Corintios 13:1-13; Mateo 5:23-24).]

[Nota de Marcos 2:28:

Marcos 2:28:   El sábado había sido hecho no sólo para que el hombre descansara, sino para que diera gloria a Dios: éste es el auténtico sentido de la expresión «el sábado fue hecho para el hombre». Jesús bien puede llamarse señor del sábado, porque es Dios. Cristo restituye al descanso semanal toda su fuerza religiosa: no se trata del mero cumplimiento de unos preceptos legales, ni de preocuparse sólo de un bienestar material: el sábado pertenece a Dios y es un modo, adaptado a la naturaleza humana, de rendir gloria y honor al Todopoderoso. La Iglesia, desde el tiempo de los Apóstoles, trasladó la observancia de este precepto al día siguiente, domingo –día del Señor–, para celebrar la Resurrección de Cristo (Hechos 20:7).]

«Hijo del Hombre»: El origen de la significación mesiánica de la expresión «Hijo del Hombre» aparece sobre todo en la profecía de Daniel 7:13 ss., quien contempla en visión profética que sobre las nubes del cielo desciende un «como Hijo de Hombre», que avanza hasta el tribunal de Dios y recibe el Señorío, la gloria y el imperio sobre todos los pueblos y naciones. Esta expresión fue preferida por Jesús (69 veces aparece en los Evangelios Sinópticos) a otras denominaciones mesiánicas, como Hijo de David, Mesías, etc., para evitar, al mismo tiempo, la carga nacionalista que los otros títulos tenían entonces en la mente de los judíos.

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