18 de octubre – Domingo (XXIX)

Evangelio: Mateo 22:15–21

El tributo al César

(15) (En aquel tiempo) los fariseos se retiraron y tuvieron consejo para ver cómo podían cazarle en alguna palabra. (16) Y le enviaron sus discípulos, junto con los herodianos, a preguntarle: Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas de verdad el camino de Dios, y que no te dejas llevar de nadie, pues no haces acepción de personas. (17) Dinos, por tanto, qué te parece: ¿es lícito dar tributo al César, o no? (18) Conociendo Jesús su malicia, respondió: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? (19) Enseñadme la moneda del tributo. Y ellos le mostraron un denario. (20) Jesús les preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? (21) Le respondieron: Del César. Entonces les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Comentario

15-21:   Fariseos y herodianos se unen para conspirar contra Jesús. Los herodianos eran los partidarios de la política de Herodes y su dinastía: veían de buen grado la dominación romana y, en materia religiosa, compartían las ideas materialistas de los saduceos. Los fariseos eran celosos cumplidores de la Ley, anti-romanos, y consideraban el régimen de Herodes y sus sucesores como una usurpación. No se puede imaginar diferencia más radical. Esta unión tan sorprendente indica hasta qué punto odiaban al Señor.

Si el Señor contestaba que era lícito pagar tributo al César, los fariseos podían desacreditarle frente al pueblo, que pensaba con mentalidad nacionalista; si contestaba que no era lícito, los herodianos podían denunciarle frente a la autoridad romana.

Jesús da una respuesta cuya profundidad ellos no alcanzan y que es al mismo tiempo absolutamente fiel a la predicación que ha venido haciendo del Reino de Dios: dar al César lo que le corresponde, pero no más de ello, pues desde luego hay que dar a Dios lo que le corresponde, reverso necesario de la cuestión, que no le habían planteado. No existe igualdad de nivel, pues para un israelita Dios trasciende toda cota humana. ¿Qué es lo que corresponde al César? La tributación, que la necesita para la existencia del ordenamiento temporal. ¿Qué es lo que hay que dar a Dios? Evidentemente todos los mandamientos, que implican el amor y la entrega personales. La respuesta de Jesús supera el horizonte humano de sus tentadores; está por encima del sí y del no, que querían arrancarle.

La doctrina de Jesucristo trasciende cualquier planteamiento político, y si los fieles, en ejercicio de su libertad, eligen una determinada solución para los asuntos de carácter temporal «recuerden que en tales casos a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva la autoridad de la Iglesia a favor de su opinión» (Concilio Vaticano II: Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 43).

Jesús, con estas palabras, reconoció el poder civil y sus derechos, pero avisó claramente que deben respetarse los derechos superiores de Dios (cfr. Concilio Vaticano II: Declaración Dignitatis humanae, n. 11), y señaló como parte de la voluntad de Dios el cumplimiento fiel de los deberes cívicos (cfr. Romanos 13:1–7).

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