24 de agosto – Sábado (San Bartolomé, Apóstol)

Evangelio: Juan 1:45–51

(45) Encontró Felipe a Natanael y le dijo: Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley, y los Profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José. (46) Entonces le dijo Natanael: ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Le respondió Felipe: Ven y verás.

(47) Vio Jesús a Natanael que se acercaba y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez. (48) Le contestó Natanael: ¿De qué me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, yo te vi. (49) Respondió Natanael: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. (50) Contestó Jesús: ¿Porque te he dicho que te vi bajo la higuera crees? Cosas mayores verás. (51) Y añadió: En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.

Comentario

45–51:   El apóstol Felipe no puede menos de transmitir a su amigo Natanael (Bartolomé) el gozo de su descubrimiento, lleno de emoción (v.45).

«Natanael (…) había oído por las Escrituras que el Cristo debía de venir de Belén, del pueblo de David. Así lo creían los judíos y lo había anunciado, tiempo atrás, el profeta: ‘Y tú, Belén, no eres ciertamente la menor entre las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe, que apacentará a mi pueblo, Israel’ (Mi.5:2). Por tanto, al escuchar que provenía de Nazaret se turbó y dudó, al no encontrar cómo compaginar las palabras de Felipe con la predicción profética» (San Juan Crisóstomo: Homilías sobre el Evangelio de San Juan, 20,1).

Piense el cristiano que al transmitir su fe a otros, éstos pueden presentarle dificultades. ¿Qué debo hacer? Lo que hizo Felipe: no confiar en sus propias explicaciones, sino invitarles a acercarse personalmente hasta Jesús: «Ven y verás» (v.46). El cristiano, pues, debe poner a sus hermanos los hombres delante del Señor a través de los medios de la gracia que Él mismo ha dado y la Iglesia administra: frecuencia de Sacramentos y práctica de la piedad cristiana.

Natanael, hombre sincero (v.47), acompaña a Felipe hasta Jesús. Se entabla el contacto personal con el Señor (v.48). Y el resultado es la fe del nuevo discípulo, fruto de su buena acogida a la gracia, que le llega a través de la Humanidad de Cristo (v.49).

Según podemos deducir de los Evangelios, Natanael es el primer Apóstol que hace una confesión explícita de fe en Jesús como Mesías y como Hijo de Dios. Más tarde San Pedro, de modo más solemne, reconocerá la divinidad del Señor (cfr. Mateo 16:16). Aquí (v.51) Jesús evoca un texto de Daniel (7:13) para confirmar y dar profundidad a las palabras que ha pronunciado el nuevo discípulo.

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